EL NUEVO ACUERDO ECOLÓGICO ¿Por dónde comenzar? 

EL NUEVO ACUERDO ECOLÓGICO ¿Por dónde comenzar? 

EL NUEVO ACUERDO ECOLÓGICO ¿Por dónde comenzar? 
*Arturo Avellaneda
PERMAHABITANTE 

Nuestras democracias, nuestros territorios, y hasta el ideal de bienestar colectivo, ante el
dilema de tener que planificar un nuevo modelo económico de desarrollo. 
No es un misterio para nadie, que antes de comenzar a marchar, conviene conocer la dirección
en la que se encuentra nuestro destino. De Igual forma ocurre con la planificación prospectiva
de largo plazo. Un objetivo colectivo para ser acometido, debe coincidir con la voluntad
libremente prestada de al menos un mayoritario número de integrantes del grupo del que se
trate. 
En nuestro medio contemporáneo, las cosas no ocurren de una manera tan clara. Un programa
complejo de construcción social, requiere de la intervención conjunta de múltiples disciplinas.
Intervienen en cada construcción colectiva de la sociedad moderna un enorme número de
factores, muchos de los cuales, siquiera se plantean una visión de marcha de todo el conjunto,
o carecen de interés suficiente como para necesitar prever su más mínimo efecto en el
mediano y largo plazo. 
Así algunas escuelas del pensamiento occidental, fueron tempranamente definiendo términos
para comprender esta complejidad. Teorías mecanicistas, organicistas, contractualistas,
funcionalistas, incluso. Integran hoy la bibliografía de la organización del estado moderno.
Pero a pesar de la irrefutable hegemonía del pensamiento europeo, nunca han sido, ni la
veracidad de los conceptos científicos, o de las creencias religiosas, las causas materiales de su
vertiginosa expansión; sino que su supremacía se funda en cambio, en el tremendo impulso
que cobraron sus economías durante los procesos conocidos como las tres revoluciones
industriales. 
La Cuarta Revolución Industrial 
Tras el descubrimiento y aplicación masiva de cada nueva fuente de energía, un consecuente
auge económico se expandía por el mundo. Del carbón a la máquina a vapor, y del petróleo al
motor de explosión interna, todos conocemos la condición económica que proviene de una
economía industrial. En la actualidad sirva como ejemplo, la omnipresente energía eléctrica,
impulsora de la actual era de la revolución tecnológica. Pero a pesar de lo exitoso del sendero
recorrido, resulta difícil de anticipar en qué consistirá el siguiente paso, ya que tras haber
entrado hoy dos décadas en el interior del siglo XXI, no se logra acertar a definir, cuál ha de ser
la nueva fuente primaria de energía que ilumine la presente centuria. 
Una saga literaria narra desde 1972 en Roma, una serie de imponderables que dificultan e
incluso impiden la posibilidad de trazar una línea argumental verosímil que postule un modelo
de desarrollo futuro de una manera viable de proponer en todo el orbe. Así es como las
economías desarrollistas se contraen y concentran financieramente sobre sí mismas,
desechando impiadosamente regiones enteras y a sus poblaciones humanas como inviables de
todo desarrollo. 

Aquí radica el punto de partida del falso programa que afecta las zonas de sacrificio. Metas
elitistas basadas en el malintencionado modelo de intervención económica. Políticas
neocoloniales diseñadas para ser absorbidas en los llamados países emergentes, propensos a
aplicar como propias las indicaciones emanadas de los grandes centros financieros mundiales. 
Hoy, por definirlo de una manera precisa, no existe una fuente consistente de energía que
facilite el sostenimiento y la continuidad de los complejos sistemas en uso que empleen
fuentes energía de origen fósil. No aparece aún la masiva y gratuita disponibilidad que
suministre un reemplazo comparable en magnitud a aquellas que hoy denominamos “no
renovables”: El carbón, el petróleo y el gas, que junto con todos sus derivados, declinarán
inexorablemente hasta su agotamiento final comenzando durante el transcurso de la actual
década. 
La Cultura y la Naturaleza responden 
La complejidad de los procesos de decisión, las restricciones estructurales, los múltiples modos
de subordinación a los que se ha venido induciendo a la población por medio de la guerra, la
amenaza diplomática o la represiva comunicación de masas; han conspirado contra la
viabilidad de toda otra forma de construcción cultural que no dependa de la aprobación de la
sociedad tecnológica. 
Pero a pesar del abrumador peso del modelo imperante, numerosos escenarios territoriales,
no han respondido de una manera favorable al unipolar programa de desarrollo social. Ni lo
harán tampoco ya aunque lo pretendan, y no por determinantes fundadas en el tan trillado
“retraso”, o la falta de innovación del ideario de sus característicos pobladores. Sino por la
determinación popular que habrá de repelerlos por considerarlos nocivos a sus genuinos
intereses económicos. 
Así comienzan a encenderse numerosas protestas y a desprenderse entonces nuevos criterios
sobre la verdadera prosperidad que alentar entre los pueblos y territorios menos favorecidos
por la invisible mano del progreso económico. Una diversidad de escenarios se conjuga en una
múltiple gama de grupos sociales; colectivos diversos que anhelan fundar su bienestar en la
pervivencia de los sistemas biológicos que los han venido sosteniendo desde el fondo de la
memoria histórica de sus antepasados. Estos relatos, en un principio hermanados como
resistencias locales a la injerencia multinacional, definen una enorme nómina de casos cuya
negativa ejemplaridad repite simétricamente el degradante impacto de una modalidad
económica neo colonial sobre territorios y poblaciones señaladas de antemano como víctimas
de un engañoso modelo político, económico y social de características típicamente
extractivistas. 
Así nace en nuestra región sudamericana una doctrina que demuestra la completa
obsolescencia del modelo de saqueo impuesto desde las grandes metrópolis mundiales, y
encuentra en la viabilidad de nuestras propias culturas, la manera de repoblar armónicamente
nuestras exuberantes biorregiones. En este debate irrumpen los sistemas de creencias
preexistentes a la conquista, recobran relevancia histórica las lenguas nativas y se recomponen
todos los lazos culturales posibles de generar sobre el entorno natural, o lo que quede de él. 

La agenda del nuevo acuerdo ecológico 
Recobrando entonces una narrativa desde dichos precedentes y haciéndonos eco de las justas
reivindicaciones que caracterizan el elemental recorrido de nuestra región en materia de
Ecología, proponemos debatir la resolución de la decadencia infringida por una política
económica obsoleta y degradante. Es urgente establecer una nueva agenda para la íntegra
recomposición de nuestro hábitat y asignar prioridad a su tratamiento e instalación pública. 
A continuación proponemos el debate del siguiente temario a modo de ejemplo: 
● El completo cuidado del circuito de recarga del agua dulce. 
● El aprovechamiento continuo del suelo fértil y su mantenimiento. 
● La recomposición de la flora nativa 
● El repoblamiento de la fauna autóctona 
● El desmantelamiento gradual de la ruralidad degradante. 
● La desconcentración de las metrópolis 
● La recomposición cultural de la aldea preindustrial. 
● El reemplazo escalonado del producto industrial de consumo masivo. 
● La readaptación de la educación y la salud 
● La estabilización del hábitat común 
● La autonomía política y económica. 
● La federación regional 
● La confederación planetaria 
La razón como motor de la renaturalización 
Por toda lógica, a la inversa de lo que sucede con las propuestas orientadas desde un espíritu
falsamente progresista, con las crisis decrecentistas el desafío ha de consistir en cambio en
aminorar el consecuente impacto que nos prodiguen a su paso. 
Acumularán más mérito frente al desmantelamiento de la compleja metrópolis, quienes sepan
eludir, que aquellos que intenten reparar la inabarcable lluvia de dificultades que nos deparará
el inminente escenario de pobreza energética que se avecina, un horizonte caracterizado por
la escasez de energía y el consecuente decrecimiento de la matriz agro industrial. 
La recomposición entonces de los sistemas vivos que alguna vez contuvieron libremente el
paso de nuestra especie biológica, pasará de ser una meta altruista, a ser entendido como un
urgente mandato de supervivencia colectiva. 

La expansión de la vida en biomasa, diversidad y capacidad de soportar la mayor carga de
interacción humana posible, será el crucial contenido a profesar desde cada espacio y
oportunidad de la que se trate. 
Debemos prepararnos ya mismo para predicar un muy profundo cambio en el ideal de vida
colectivo con plena convicción, y debemos hacerlo cuanto antes, porque ya no queda
tiempo. 
Aquí radica el medular contenido del pacto social que debemos tratar de alcanzar ahora, un
diametral cambio de rumbo con prioritario acento en la restauración de todos los ambientes
nativos que nos puedan volver a contener como una parte más de la comunidad biológica
residente. El Nuevo Acuerdo Ecológico, una buena razón para volver a ver nuestro futuro
común con el optimismo que le debemos transmitir a las generaciones venideras.