Moderación ó Frente Patriótico para el triunfo

Moderación ó Frente Patriótico para el triunfo

  Moderación ó Frente Patriótico para el triunfo

 

La lucha política es disputa cultural e ideológica. La capacidad para implementar y sostener un modelo económico depende de la posibilidad de apropiarse del sentido común que da sustento al modelo político.

La derrota que sufrió el campo nacional y popular en la Argentina en 2015 fue, sin dudas, electoral, pero por sobre todo cultural. Constituyó la punta de lanza del régimen para empezar a presionar, perseguir e, incluso, destituir Gobiernos soberanos de la región.

La necesidad se vuelve imperiosa, ganar las elecciones es el primer paso para recuperar el poder y dar la batalla de fondo: la cultural.

La alianza del Macri Radicalismo –Cambiemos- representa no sólo el coloniaje mental de sus integrantes, sino el convencimiento de la dependencia. Esto es, el desarrollo de una economía sectorial, ligada a intereses exportadores –agro minería-. Luego, a nivel interno, la especulación bancaria y financiera con especial dedicación en favorecer a los fondos de “inversión”. Deuda, bicicleta financiera y fuga. Siempre deuda, bicicleta financiera y fuga.

De nuestro lado también está claro, 12 años de gobierno peronista dieron el puntapié inicial para volver a discutir un proyecto soberano. La política como herramienta de construcción colectiva para transformar e interpelar la realidad, el Estado como promotor y garante de la economía al servicio del pueblo (AFJP, Correo Argentino, Aguas Argentinas, Aerolíneas Argentinas, etc); la reivindicación de los DD.HH. con Memoria y Justicia; y la discusión sobre los medios de comunicación, cuestionando el monopolio de la palabra; fueron algunos de los hechos más significativos.

Hoy, como siempre, según quien les pague a las consultoras, éstas varían en su timba. Sin embargo, algunos datos resultan coincidentes. Primero, la alianza cambiemos encuentra su piso (y techo) en la coherencia que expresa, para ese sector social, la figura de Mauricio Macri. Segundo, quien sintetiza la oposición a ese modelo es Cristina Fernández de Kirchner. Y tercero, la avenida del medio sólo existe para quienes desean transitarla, aunque sea en su imaginación.

Es decir, la polarización es la idiosincrasia que se expresa desde el inicio de nuestra historia nacional en la pugna por dos modelos de país. Unitarios o federales, Yrigoyenistas o Anti Yrigoyenistas y Peronistas o Anti Peronistas.

No puede obviarse, a pesar de ello, cómo Cambiemos supo integrar (o subordinar) a otros sectores afines para consolidar sus victorias. Y, en cambio, el campo popular sufrió divisiones muchas veces más convenientes para los poderes hegemónicos que para sí mismo. Seamos claros: en la inmensa mayoría de los casos las divisiones tuvieron que ver con rechazos de corte metodológico y no respecto a un proyecto soberano. Entonces, allí es donde cierra la herida propia, donde se puede fortalecer la unidad: en torno a lo soberano. O sea, lo patriótico.

Sin embargo, a partir del consenso otorgado por los diversos sectores del arco político, la palabra “moderación” define el clima de época. Concediendo implícitamente, o no tanto, que la oleada de saqueo neoliberal que arrasó la Argentina durante los últimos casi 4 años fue responsabilidad de las políticas “irracionales” del Gobierno anterior. Justo aquellas decisiones que lograron revitalizar el movimiento nacional, interpelar al pueblo y comprometer a las nuevas generaciones. Las que evitaron que el proyecto político se desvanezca en la alternancia de los Gobiernos serviles al poder financiero.

¿O la discusión actual no se basa en qué vamos a hacer con la deuda externa odiosamente contraída? ¿O cómo podemos seguir conviviendo con el monopolio mediático y la extorsión judicial? ¿O cómo recuperamos al Estado y distribuimos la riqueza? Nadie puede pensar seriamente que gobernar intereses contrapuestos sea sólo cuestión de buenos modales. ¿O la derecha titubea cuando persigue y encarcela dirigentes opositores, reprime la protesta social, cierra medios de comunicación y entrega el país a la usura?

En este contexto, resulta difícil pensar que un Gobierno moderado sea el camino que garantice la dignidad del pueblo argentino. La avenida del medio es cada vez más angosta y poco parece ayudar la especulación electoral. Parecería ser que los moderados se dividen entre los dirigentes que titubean, o los que sólo buscan el interés personal.

Algo sin embargo parecería estar claro, frente a la tragedia que vive nuestro pueblo, el mandato histórico conlleva una obligación: ganar. Así se pide en las calles. Y para eso, discutir el problema de la unidad es discutir el problema de la victoria, para que la opinión no se sobreponga por sobre la voluntad de vencer.

Es decir, se vuelve imprescindible contar con una ingeniería electoral que permita blindar el triunfo del campo nacional y popular en primera vuelta. La discusión central debe girar sobre la metodología que el Frente tiene que adquirir.

Los carteles de la calle como programa y las reglas de juego claras, con sistema D´hont sin piso, para que la composición de las listas se dé proporcionalmente a la representación electoral obtenida, por poca que parezca ser, son las mejores herramientas para que el Frente Patriótico exprese con coherencia y potencia el abanico de sus matices, estéticas e identidades.

¿Acaso en estos días no estamos viviendo la desesperación del Macri Radicalismo por encontrar la metodología que le brinde el triunfo? Si la elección es de vida o muerte, ¿Por qué nosotros vamos a negar nuestra discusión? No podemos darnos ese lujo.

Programa. Frente.  Reglas de juego. Y, por último, candidaturas. Todos nos necesitamos, nadie gana solo.