Peronismo y Tiempo

Peronismo y Tiempo

Junio del 2018. Monte Grande

 

La primera vez que pensé una relación ente “peronismo y tiempo” fue en DF, México hace unos años. Luego de dar una charla y en el momento de las copas me anime a preguntarle a un admirado intelectual mexicano, bastante grandote él. “Dígame, como es posible que este pueblo con 5000 años de cultura, los aztecas, los mitos, Pancho Villa, Frida, Diego, Siqueiros, Villoro etc. ¿Sea un pueblo tan sometido? Quedé temblando como si hubiera metido la pata. De pronto, el mexicano se incorporó, era sorprendentemente alto, apretó el mentón contra su pecho y todo colorado dijo “Es que no hemos tenido el peronismo, aun no” Como disparado por un cañón me abalance sobre el profesor y lo abrace al grito de ¡Viva Perón carajo! Ese abrazo fue tan fuerte que entendí que era como si toda Latinoamérica se apretara allí.

Ese “aun no” me quedó repiqueteando. Encore en francés, Ainda en portugués. Aún no. Es decir, pensé que, no había llegado para México, el primer Perón. Así como el primer Perón de Venezuela murió hace pocos años o está preso en Brasil. “Primeros Perones”

En este sentido, el peronismo, el que encarna la memoria de la lucha popular, ese que permite la dialéctica de las conquistas sociales el de la adquisición de derechos. Ese peronismo siempre está llegando al decir de Troilo. Ese peronismo es siempre futuro. Un futuro especial, los franceses lo llaman futuro anterior. Habrá sido. Un futuro que contiene al pasado que resuelve.  No es el pasado de “los días felices” tampoco el mero presente del goce de Santoro menos el futuro utópico de la izquierda. Es el “futuro anterior de la anomalía”

Debemos considerar al tiempo como un objeto. Algo que se tiene o no. Un niño que es seducido por una mujer adulta, puede tener el deseo para responder, lo que no tiene es el pene con qué responder. Le falta el tiempo. No obstante, que le crezca el pene no define que pueda responder. Puede hacer un síntoma, eyaculación precoz, impotencia etc. Es decir que el tiempo que falta no es cronológico. Es un tiempo de conquistas sexuales que lo deje a disposición de su potencia.

El tiempo allí no es la cronología, ni el período ni el de la oportunidad. Cuando decimos “peronismo y tiempo” conviene considerar un tiempo que se habita y que se tiene. Es el tiempo que nos asiste en la derrota en la lucha por volver y en el triunfo en la lucha por recuperar derechos.  

En la derrota, el tiempo permite reunir los pedazos en una estrategia y táctica y no desangrarse aún más en la llamada “autocrítica” y en la victoria en la prisa por construir el empoderamiento del pueblo y no en el intento absurdo de demostrar a las clases acomodadas que somos normales.

¡No somos normales! El peronismo le hace creer al empleado medio, primero que tiene un empleo y que con ese empleo pueden comprarse un celular, un auto, viajar y construir su casa. A las minorías que tienen derechos y a las mayorías que tienen instrumentos con qué defenderse.

El peronismo irrumpe en la historia moderna como una Anomalía. El Coronel Perón surgió como una anomalía. Su propia madre lo reprendió por el Estatuto del peón.

Lo normal del gobierno de los dueños del dinero siempre es el hambre y la pobreza del pueblo. Lo normal es la humillación del pueblo sin derechos. Lo normal para estos gobiernos es la violencia ejercida de arriba hacia abajo que crea siempre una expectativa del estallido de la violencia entre abajo hacia arriba. Es muy iluso hasta la complicidad desconocer que la guerra no es el origen.

La Anomalía es entonces la resolución de esa tensión que propone la normalidad. Perón hizo una disrupción a la normalidad oligárquica. Néstor, hizo una disrupción a la normalidad neoliberal (también oligárquica) Tanto Perón como Néstor y luego Cristina propusieron una resolución política a la guerra (lucha de clases) que siempre es previa. Todos ellos enfrentaron una guerra desigual y fueron vencidos, pero no en el tiempo.

“La sangre o el tiempo” decía el General Perón mientras él no dudaba en elegir “el tiempo”. Algunos, hemos pensado alguna vez que debía haber elegido “la sangre”. Un error y una ignorancia. Perón había leído muy bien a Clausewitz y por eso sabía muy bien que entender por el “tiempo de la guerra”. Sabía muy bien que, quién elige la guerra es casi siempre aquel que sabe que puede ganar. Que además es el que esta más decido a aniquilar al enemigo y no solo a vencerlo. Quién está en la destrucción siempre aventaja a quien quiere construir. También es una cuestión de tiempo. Cuando Perón dice “La organización vence al tiempo”, entiendo que, El tiempo vence a la cronología. De hecho, hoy estamos en muchas mejores condiciones que en el 2001. Tuvimos la experiencia una vez más de la “reconstrucción”. Aprendimos que no hay que abandonar las barriadas. Aquel que ayudamos hace dos años y se fue detrás de un globito amarillo hay se está comiendo un garrón tal que lo puede volver un soldado de la patria.

En 1927 Lisandro de la Torre se mostraba preocupado porque la derecha no producía ya por entonces teoría política. En 1930 la oligarquía pega el golpe a Irigoyen de la mano de Uriburu. No producían teoría política y recurrieron a los fierros. Hoy es igual, salvo que los fierros no son los mismos. Esto comprueba que la política es la prolongación de la guerra por otros medios. En este caso, “los medios de comunicación”.

El poder de los medios de comunicación no radica tanto en la cantidad de fierros que tenga sino en el contenido que maneja. El receptor construye al emisor. Los grandes medios saben que el habitante medio “goza de lo peor” y eso les dan. Envidia, celos, gula…en fin “la sangre”. El odio es primero, ellos lo saben y lo explotan. Así como el timador cuenta con el narcisismo del timado. Los medios de comunicación cuentan con el odio de clase que se instaura en muchos cuando alcanzan la clase media. Les hacen creer que pueden vivir en paz, como si la paz no fuera una transacción precaria de las distintas violencias hechas de ocio, envidia, celos y gula. Quien cree en la paz de los pueblos o en la libertad sin justicia vive en un sueño peligroso y cómplice. Todo lo que es política es malo, es disruptivo de ese “estado zombi” porque le sabe y se niega que la política es la continuidad de la guerra por otros medios.

Existió en la antigüedad una ley no escrita que regulaba el lazo social, en particular con el extranjero a saber: La ley de hospitalidad. En ella el “huésped” era alguien a quien se le debía el mayor respeto. Si era invitado a la mesa, la presencia de la comida, aseguraba que él no sería devorado. Se sigue entonces, que el canibalismo ha sido la práctica prohibida originalmente. La prohibición del incesto parece segunda a esta prohibición. Las primeras tumbas, lo túmulos (pequeños montículos de tierra) son entonces, la primera marca de existencia de “lo humano”. Lo que marca la sepultura es en principio, la injerencia sobre el cadáver, después y por lo mismo, el homenaje que indica que la muerte física no es lo último.

Para junio del 2015 (que lejos queda el pasado) Cristina Fernández de Kirchner dijo en un discurso que la los desaparecidos no hubo tumba, pero si su nombre. Su poder, decía Cristina, “ el verdadero poder descansar con su nombre, a ellos (Videla y a Masera) los usaron y no pueden tener sus nombres en sus tumbas”. Los dueños del dinero en Argentina le infligieron a su brazo armado, la peor de las muertes. La transmisión y la descendencia. La vuelta repentina y temporal de hoy es mera farsa de aquello que se vivió como tragedia.

Hace años escribí un libro que se llamó: Cadáver insepulto, venganza y muerte. Por represión, pudor o culpa no titulé “y muerte de los jóvenes” y de eso se trata. Se trata del filicidio, de esa forma horrible del parricidio que hay toma la forma real de “femicido”.

Esa trilogía está presente inamovible en toda tragedia. La falta del duelo, el padre de Hamlet, por ejemplo, precipita a los jóvenes al duelo violento y a masacrarse entre ellos. Es claro también en Antígona o en Hécuba.

Séneca escribe una tragedia basada en el mito griego de dos hermanos que disputan el poder. Uno de ellos, le sirve al otro en banquete, la carne de sus hijos en estofado. Es la tragedia de Tiestes y Atreo. Muestra cabal del canibalismo en forma de filicidio. Allí el pasado se devora al futuro.

Todos aquí recordamos sin duda el tropiezo de María Eugenia Vidal en el festejo del triunfo de Cambiemos: “cambiamos futuro por pasado”. Un tropiezo de la lengua no es un acto fallido cuando se produce fuera de un psicoanálisis. Ese tropiezo es simplemente una confesión. El mismo deseo que hizo rugir cuando en el Rotary hablo de las universidades del conurbano y los pobres. La gobernadora quiere “cambiar futuro por pasado”. Quiere que el pasado se devore al futuro. Ella sabe muy bien que el peronismo es el futuro que llegó un 17 de octubre y aún sigue llegando.?

Mariotto es un compañero que se dio cuenta hace mucho tiempo. Allí está su militancia barrial y territorial contra la segunda oleada neoliberal. Sus radios clandestinas.

Su posicionamiento en La UNLZ…en fin, su práctica popular.