Tutorial para neurostars

Tutorial para neurostars

Que ninguno de los miles de neurocientíficos que silenciosamente invierten su tiempo, talento y vocación en aliviar padecimientos, detectar patologías y desocultar los misterios de la mente, se sienta ofendido por este texto. No es a ellos a quienes está destinado, sino a una nueva fauna que empieza a habitar exponencialmente los debates, foros, conferencias, simposios y otros escenarios propicios para el ejercicio de la sabiduría…o para su simulacro.

   Del simulacro se trata este tutorial. Así como son tiempos de youtubers, couchings, influencers y otras delicias de la innovación semántica, yo arriesgo otro neologismo, con la esperanza de que se instale como  tópico (y se me reconozca, desde luego, su copyright): neurostar, esa nueva estrella del firmamento mediático.

   Más allá de que nadie niega el esfuerzo encomiable que supone ser neurocientífico, ser neurostar no requiere, paradójicamente, de tanta energía mental. Así pues, para no agrandar demasiado esta introducción vamos, ya mismo, a desarrollar lo que este modesto tutorial se propone. 

   Estos son, a saber, algunos pasos claves para que usted, neurocientífico, se convierta en neurostar.

 

1 – En caso de estar en un programa periodístico, si puede, exija que la entrevista se la hagan a usted solo. En el peor de los casos, si debe compartir protagonismo con otros invitados, siéntese de modo tal que forme parte del grupo pero a la vez no, como si su postura corporal indicara que usted es la síntesis, el  corolario, la palabra final que define todo lo debatido previamente.

2 – Si está en un estudio televisivo, procure que los camarógrafos se demoren en sus pequeños gestos, en cada mohín, en cada leve parpadeo. Es fundamental que los pliegues de su cara representen el asombro, la perplejidad ante los enigmas de la condición humana, a la vez que la confianza plena en haber podido, por suerte, tener una respuesta para cada uno de ellos.

3 – Use analogías simples (a esto lo denomino: paradoja de la complejidad cerebral). Diga cada tres frases que el cerebro es la máquina más compleja del universo, pero después para explicar cómo funciona redúzcala a cuatro emociones, tres sustancias y dos procesos, y explique esto utilizando metáforas del tipo “El cerebro es como un budín…”, “Las emociones son como un grupo de rock…”, “El enojo es como un caño de escape…”, etc. 

4 – Nunca diga “No sé…”. En caso de que no sepa (Dios no permita) diga que la respuesta a esa pregunta es multicausal, multifactorial o depende de procesos que son a la vez previsibles y aleatorios.

5 – Disimule su determinismo biologicista. Cuando ve que su discurso se pone demasiado cercano al darwinismo social, péguele una pátina de antropología o sociología, para que no quede tan en evidencia que usted piensa que hay grupos sociales cuyos cerebros nacen predestinados al fracaso. 

6 – Diga siempre que viene de algún simposio importante. Dígalo con la siguiente introducción, a propósito de cualquier pregunta: “Justamente recién regreso de un congreso en Baltimore, donde se habló de ese problema…”, ya sea “ese” problema los celos, la inteligencia, el estrés de quien debe patear un penal o la angustia de quien no consigue trabajo.

 7 – Queda bien que, cada tanto, rescate la sabiduría de algún refrán o proverbio popular. En ese caso ponga cara de simpático y diga: “Esto es como decía mi abuela…el que mucho abarca poco aprieta”, tomando las precauciones del caso: que quede claro que usted es lo suficientemente amplio para ver verdades profundas en las cosa comunes, y no que algunas de las cosas que hoy usted dice con una resonancia magnética su abuela las decía de haber vivido nomás.

8 -  Cite para refutarlo, pero con respeto, a algún gran pensador del pasado: son ideales para este fin Platón, Aristóteles o Descartes. Destaque de ellos su condición de genios, pero no obstante haga referencia a la parte de su pensamiento que los expone al ridículo (por caso: “Aristóteles pensaba que las piedras caían porque su lugar natural era la tierra…”, o “Descartes creía que los animales eran máquinas…”).   

9 – Cítese, cada tanto, a usted mismo, pero con humildad: “He tenido el inmerecido honor de que la Universidad de Connecticut reconociera una investigación que justamente hace foco en lo que usted me está preguntando…”.

10 – Asegúrese de ser entrevistado por periodistas que tengan el asombro fácil. Así, si dice que las emociones obstaculizan la capacidad de pensar, es bueno que tenga frente a usted a un periodista que repita, absorto: “¿Usted está afirmando que las emociones pueden nublar nuestro juicio?”

11 – Use a Darwin como un comodín. Toda vez que la explicación de algo está floja de papeles, no dude en decir: “La selección natural hizo que nuestro cerebro…” y después afirme cualquier cosa, porque esa premisa le sirve, efectivamente, para sacar cualquier conclusión.

12 – Asesine químicamente a la libertad, pero luego resucítela con un par de consejos de su nuevo libro. Así, cuando haya demostrado que todas nuestras decisiones son algoritmos neurofísicoquímicos y nuestra esencia la tabla de Mendeleiev, no obstante luego diga que en su nuevo libro hay unos cuantos ejercicios para aprender a amar, a dominar la ira, a ser más empático o más creativo.

13 – No deje de enunciar taxonomías de todo lo que le preguntan. Queda bien toda vez que hay que explicar algo decir: hay tres tipos de…hay cuatro clases de…los miedos se dividen en…

14 – Diga frases que lo pongan a resguardo de cualquier cuestionamiento ideológico, por caso: “Un país sin educación no tiene futuro”, “Es una vergüenza que en pleno siglo XXI siga habiendo hambre en el mundo”, “Si lo que se gasta en armamento se invirtiera en libros el mundo sería un lugar mejor”.   

15 –   No me haga caso, seguramente tengo una leve disfunción en el lóbulo temporal que me hace sentir cierto encono por los neurocientíficos mediáticos.